Las cosas importantes de la vida

Este post pertenece al archivo de El Blog de MJ, mi primer blog, que empecé a escribir en Cancún. Lo he recuperado tal y como lo escribí entonces.

No hay nada mejor que empezar el día con la sonrisa y los abrazos de tus hijos.

Hoy, asumiendo el riesgo de saltarme la tan milimetrada rutina mañanera y llegar tarde al cole, me he permitido quedarme unos minutos de más en la cama con ellos.

Y en ese momento he decidido cuál sería el primer post de esta sección. No iba a hablar de Córdoba, ni de Cancùn, ni de emprendedores, ni de economía, ni de cocina, ni de ningún otro tema de los que hablaré a partir de ahora. Voy a hablar de lo verdaderamente importante y voy a hacerle un pequeñito homenaje a mis hijos, a nuestros hijos.

Ellos son niños. Sus mayores preocupaciones son otras muy distintas a las nuestras. Si podrán jugar al fútbol, si se han peleado con algún amigo o amiga o con sus hermanos o de como aprenderse la tabla de multiplicar. O de dejar mensajitos de disculpa como los que me dejan mis hijos después de alguna regañina por mi parte.

No entienden de los problemas de los mayores. Del mucho trabajo, o aún peor, del poco que tengamos, de las deudas, de cómo pagar la hipoteca al final de mes, o de la subida de impuestos, y de ese tan largo etcétera de preocupaciones diarias que marcan nuestro día a día.

Ellos sólo ven si estamos felices o tristes, contentos o enfadados, y lo más importante, si tenemos tiempo o no para jugar con ellos, o para escucharlos con infinita paciencia.

Mis hijos en especial, y aunque a ellos no se lo digo, me han dado una gran lección. Nos hemos cambiado de casa, de colegio, de país y hasta de continente. Hemos dejado atrás a la familia y amigos y su rutina diaria. Y se han adaptado sin protestar, viendo el lado positivo de la situación, disfrutando de las cosas nuevas y haciendo rápidamente nuevos amigos. Con mucha más facilidad de lo que solemos hacer los mayores.

Por eso, no dejemos pasar ni un solo día sin disfrutar un ratito de nuestros hijos. Se harán mayores muy rápido. Olvidemos por unos momentos nuestra rutina diaria. Riamos como ellos, aunque sea sin ningún motivo, y démosles muchos abrazos. Les hará más fuertes y mejores personas y con toda seguridad, a nosotros también.

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