El sérum del liderazgo
O por qué prefiero ser una perfecta imperfecta

Lo confieso. Me declaro una perfecta imperfecta.
Tengo 57 años y unas cuantas arrugas. No demasiadas para mi edad, todo sea dicho, pero son mías y ganadas a pulso. También tengo una lista de suplementos de moda y de cremas sin abrir que me miran desde el baño con cara de reproche. Que conste que la intención que pongo es buena, pero la «ejecución» ya no lo es tanto.
Que nadie se confunda. Me cuido, y mucho.
Hago ejercicio regularmente, intento comer bien y comida real, duermo lo que puedo y voy a las revisiones médicas propias de mi edad. Y, sobre todo, estoy siempre en constante movimiento, física y mentalmente. Mi cabeza y mi cuerpo no son para nada de «estilo sedentario».
Lo hago por algo muy concreto. Quiero llegar a mayor (a mucho más mayor, se entiende) con salud, con energía y con calidad de vida. Quisiera poder jugar, en un futuro, con mis nietos en el suelo y poder levantarme después sin pedir ayuda a la grúa municipal.
Pero de ahí a lo que vivimos hoy hay un trecho importante. Es abrir el móvil y empezar el bombardeo con los mensajes sobre cómo cuidarse, que eso ya daría para otro post.
Que si desayuna bien, que si mejor no desayunes. Que si toma este suplemento, que si ese no sirve para nada. Que si haz cardio, que si lo importante son las pesas, que si combina los dos, pero en el orden correcto, a la hora adecuada y sin olvidarte de descansar.
A ver si nos ponemos de acuerdo. Un poco de sentido común. A este paso vamos a necesitar un comité de expertos para decidir si salimos a caminar o si nos tomamos una tostada.
Yo quiero parecer lo que soy, una mujer de 57, sana, vital y que se vea y se sienta bien.
Mi rutina de belleza favorita no viene en tarro. Es una mezcla de preferir dormir un poco más a costa de maquillarme menos, de leer cosas bonitas, de aprender algo nuevo cada semana, de bailar, de una buena conversación en familia o con amigos y de intentar hacer un poquito más feliz a la gente que tengo cerca.
Por cierto, además de mi querida Diana, un buen rato de risas con amigas también me deja una cara estupenda.
Creo que nos estamos haciendo un lío. A veces confundimos salud con juventud eterna, bienestar con postureo y calidad de vida con aparentar vidas que no son reales.
¿Y qué pasa en la empresa?
Pues un poco de lo mismo. A veces nos preocupa tanto parecer un buen líder que olvidamos lo que supone serlo.
En mi post anterior hablaba de los apellidos del liderazgo. Parece que no basta con decir «líder», que lo importante es qué tipo de líder eres. Y también escribí sobre el liderazgo invisible, ese que se ejerce cada día en casa sin cargo, sin foto y sin aplausos, y que sostiene más de lo que parece.
Pues bien, hoy le añado un apellido más. El líder imperfecto. Y lo digo como un piropo.
Porque también existe la presión del «líder perfecto». Siempre seguro, siempre con respuestas, siempre impecable en LinkedIn, sin un mal día ni una duda. Un líder con filtro. Al que parece que todo le sale bien a la primera.
Y yo me pregunto: ¿dónde deja sus dudas? ¿Con quién habla cuando se equivoca? ¿Puede ser vulnerable y pedir ayuda sin sentir que está perdiendo autoridad?
Para mí, un líder imperfecto es aquel que reconoce sus errores, se hace responsable y procura corregirlos. Lo de «yo soy así» y que los demás se apañen no cuenta.
Ese cuidado cotidiano del que hablábamos en el liderazgo invisible tiene mucho que aportar aquí. Escuchar, organizar, resolver y acompañar, incluso cuando nadie está mirando.
El sérum del liderazgo
Y ya que hoy empecé hablando de mi «rutina de belleza personal», aprovecho para compartiros también un sérum que he creado especialmente para líderes. el Sérum MJ, fórmula imperfecta.
Ojalá se vendiera en farmacias, porque estaría muy bien que algunos y algunas se lo aplicaran en dosis doble, mañana y noche.
Estos son sus ingredientes:
- Escucha concentrada: reduce visiblemente las arrugas de «yo ya lo sabía».
- Ácido humíldico: elimina las manchas de ego en solo dos semanas.
- Colágeno de coherencia: da firmeza a lo que dices y a lo que haces y por fin coinciden.
- Retinol de aprendizaje: renueva las ideas caducadas. Imprescindible a partir de «aquí siempre se ha hecho así».
- Vitamina E de empatía: hidrata relaciones resecas por exceso de reuniones.
- Protector solar de humor: previene quemaduras en días de crisis. Reaplicar con frecuencia.
Modo de empleo: aplicar a diario, sobre todo cuando nadie mira. Con dejar el bote encima de la mesa no funciona. Resultados visibles en el equipo, no en el espejo.
Efectos secundarios deseados: más confianza, conversaciones sinceras y un equipo que pueda decir cómo está sin miedo a la respuesta.
Porque, igual que yo me cuido pensando en cómo quiero llegar a mayor, también merece la pena preguntarnos cómo estamos cuidando a las personas con las que queremos seguir trabajando dentro de unos años.
Así que dedico este post a las perfectas imperfectas, a los líderes invisibles, a los que se cuidan y cuidan a sus equipos y a quienes se atreven a ser vulnerables y a reconocer lo que aún les queda por aprender. Para los demás, les recomiendo aplicar el sérum.
¿Y tú? ¿A quién le regalarías un bote de este sérum?
No hace falta que digas nombres… Y tampoco pasa nada por reservarte uno para tí. 😉
María José Peña Vélez
